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ARTES VISUALES

29 de octubre 2022 - 5 marzo 2023

Exuvia

Maximiliano Rosiles

 

La obra de Maximiliano Rosiles nos lleva a un viaje constante, necesario e inacabado entre México y Estados Unidos, lugares donde ha dividido su vida. Inspirado en los textiles de su ciudad de origen Uriangato, Guanajuato, utiliza desechos de telas para construir su obra. En el México de más de 100 mil personas desaparecidas, más de 56 mil restos sin identificar, y más de 390 mil muertes violentas en los últimos 16 años, Maximiliano nos presenta un país donde la vida se ha vuelto un bien desechable, sin valor; donde la violencia camina junto a las personas que migran y les acompaña desde su lugar de origen durante todo el trayecto, hasta su lugar de destino y su posible retorno.


Después de vivir en Estados Unidos, Maximiliano regresa a México con el sueño del retorno y la búsqueda de la identidad: vivir con su familia, trabajar en la industria textil que les da sustento y encontrar sus raíces. Sin embargo, Uriangato ya no es el lugar seguro anhelado sino que se encuentra con una realidad desconocida: su lugar de origen ahora es un pueblo acosado por el crimen organizado, un pueblo más donde se cobra piso y se extorsiona. Salir de Uriangato se vuelve entonces otra necesidad, pero lleva consigo los textiles como parte de esa identidad perdida.

 

En Exuvia, Maximiliano cuelga los elementos textiles, porque “colgar es algo impersonal e implica mostrar el poder contra un cuerpo que no significa  nada”.


El artista representa el camino de las y los migrantes como cuerpos pesados, con gran carga emocional, quienes en su tránsito tienen que cambiar de piel para sobrevivir, como una serpiente que se va arrastrando y dejando un poco de sí en su trayecto. Los cuerpos amorfos quedan esparcidos por el territorio: “en el desierto de Sonora, los agentes de migración utilizan el desierto como un mecanismo para producir muertes de migrantes... con mi obra dejo una evidencia de esa vida en el desierto”.


Mostrar las violencias con la ilusión de atraparlas entre telares para que sólo exista ahí y no en el mundo real. Mostrar la realidad es no callar y tiene un afán de paz, de recuperar el territorio perdido, de recuperar el hogar, el sentido de la vida, el cuerpo y el ser.

 

Ana Lorena Delgadillo Pérez

 

 

Al tratar de responder a las preguntas fundacionales “¿quién soy? ¿de dónde soy?”, con la intención de reconectarme con mi herencia cultural, descubrí que trabajar con textiles –material que es una parte integral de la historia de mi familia en México–, era una manera de recuperar algo de mí que se perdió a través de la migración. Nací en Uriangato, Guanajuato, región con una industria textil que es la principal fuente de ingresos para las comunidades que ahí residen.

 

Para producir mi obra examiné los procesos industriales de fabricación de prendas de vestir en mi ciudad natal, así como la materia prima que se considera desecho o material “muerto”. Estos materiales experimentan una continua transformación, evidente en cada paso de su proceso de producción: primero se unen fibras para hacer hilo, posteriormente ese hilo se teje para hacer una tela y luego se corta para producir ropa. 

El material específico que utilicé en este proyecto es el subproducto del tejido de punto que queda después de cortar el patrón o molde de una prenda. Estos restos de tela sin usar se olvidan y extravían dentro del proceso de producción industrial, pero yo reuní estos retazos o fragmentos de desechos y los re ensamblé para producir estas piezas artísticas.

 

Mi proceso artístico refleja la transformación constante que uno podría vivir cuando se encuentra en un estado de transición perpetua dentro del umbral de culturas, ideas, creencias y perspectivas en conflicto. Creo que la experiencia chicana es una existencia dentro de un estado mental constante de deconstrucción, transformación y curación dentro de la interfaz de la contradicción. Es una práctica de fragmentación, de reconfiguración, de unir lo separado.

 

Además, el aspecto formal de estas obras es un comentario sobre la experiencia migratoria y la fuerte presión socioeconómica que enfrentan los inmigrantes de clase trabajadora en Estados Unidos. También puede representar la fatiga del cuerpo humano como resultado del viaje migratorio cargando  las pertenencias personales durante una insoportable cantidad de tiempo, y por el constante peso mental del miedo y la incertidumbre con la que los inmigrantes tienen que convivir a diario. Los residuos textiles en este contexto representan los restos fragmentados –humanos y no humanos– que se pueden encontrar en los caminos de  migrantes. Son el subproducto de un sistema de producción respaldado por el Estado que ve a los migrantes como no humanos y cuyo producto final es la muerte.

 

Maximiliano Rosiles

 

 

 

 

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